Tres días tontos en Bangkok

Llegué a la estación de tren de Bangkok a las seis de la mañana. Me fui directa al hotel, en Kaoshan Road, que es la calle donde se concentra el 90% del turismo mochilero de Bangkok. Se parece a la típica calle de pueblo de playa en España, con sus puestos de ropa baratuqui, sus bares, su musicote a cualquier hora, sus terrazas, sus ingleses borrachos.

Los tailandeses son muy hábiles y han decidido meternos ahí a todos los extranjeros para tenernos controlados, creo yo. Al principio me pareció un horror, pero luego me di cuenta de que en realidad la ciudad es demasiado grande para un turista poco comprometido que está de paso,  y confieso que salí poco del perímetro.

En algún lugar de la Costa del Sol…. Kaoshan Road

Mi primera impresión fue que Tailandia es infinitamente más desarrollada que Laos, algo que se percibe en cosas como en que en los bares está prohibido fumar y en que las mujeres se pueden vestir de zorras tranquilamente sin miedo a ser increpadas.

Este país es tan moderno que hasta el rey sale en los neones

Mi primer día en Bangkok lo pasé lavando ropa, actividad poco reportada pero que ocupa gran parte del tiempo del mochilero, y tomando el sol en la piscina del hotel. Por la noche quedé con mi Amigo Local que conocí en Ginebra hace cuatro años para que me sacara de paseo.

Amigo Local y yo tuvimos una disgresión de criterios importante con respecto a las actividades a acometer a la ciudad. Yo quería que me llevara a sitios turbios, i.e., a bares de ladyboys, mientras que él quería llevarme a sitios estupendos y que me llevara una buena impresión. Al final hicimos lo que él quería,  que era el que llevaba el coche.

Primero fuimos a comer pescado y marisco en un mercado al aire libre de pescado regentado por una china simpática. A mí el marisco ni me va ni me viene, pero como me invitaban y soy una persona muy educada y no quería hacer el feo me puse positivamente morada.

Esto va un poquito en contra de la prudencia básica del viajero, que es la de no comer en puestos callejeros pescado ni marisco ni cosas poco hechas. Pero después de un año ingiriendo productos de dudosa procedencia en China creo que tengo una pátina de metales pesados en el estómago que me hace invencible.

Restaurante callejero de la entrañable señora china Jae Leng

Pidieron una sopa muy picante con calamares, unos gambones a la plancha y una  sepia cruda en salsa picante con muy buena pinta que no me dejaron probar (me dijeron que sería el primer exranjero en comer eso y no morirse en el acto. Insistí). Después de esto fuimos a un bar muy chachi que se llamaba Iron Fairies, que podría cualquier bar de bohemios de Europa continental, hasta que nos tuvimos que ir porque apareció una rata en el smoking room.

A la mañana siguiente a las 6 de la mañana tenía que ir como buena amiga ejemplar que soy al aeropuerto a recoger a Amiga Prudente que venía de Madrid para unirse a la expedición, así que me quedé con Amigo Local hasta las 5 tomando algo en Rabuttri Road, que es una paralela a Kaoshan Road y es igual pero en mas bonito y con más clase.  Todo estaba tranquilamente abierto y muy abierto hasta esas horas, incluso mientras empezaban a montar el mercado del día posterior.

Fue un poco paliza lo de ir a las 6 de la mañana directamente al aeropuerto pero Amiga Prudente traía sendos bocadillos de jamón serrano y queso hechos por su madre y envueltos en papel de plata, ibéricos lembas que hacen revivir a cualquiera tras seis meses a base de arroz y noodles.

Tengo por cierto la teoría de que Amiga Prudente no ha venido sólo de viaje al Sudeste asiático porque sí, sino que es un topo enviado por mi madre para ocuparse de mi integridad física y darme consejos sensatos, (del tipo, “tómate la pastilla”, “si te pones sandalias te puedes clavar algo”, “ponte crema en ese lunar que tiene muy mala pinta”, y “¿te vas a comer eso?” por no hablar de “mañana nos levantamos pronto y asi aprovechamos”)

Además trajo el siguiente y peculiar objeto, una pulsera antimosquitos que es como la que le ponen a los perros para desparasitarlos, pero esta para humanos hipocondríacos. Me reí de ella y no se la puso, así que si tiene dengue o malaria hoy es todo culpa mía y lo asumo.

Esto es como la power balance pero para países subdesarrollados

La muy maldita después del aeropuerto me obligó, en lo que se acabó convirtiendo en tendencia, a ir a ver cosas. A las 8 de la mañana estábamos ya plantadas en la puerta del complejo del Palacio Real y el Templo del Buda Esmeralda.

Antes de entrar, un timador muy amable (suelen serlo) nos dijo que el templo estaba cerrado por una festividad budista, y que nos fuéramos con él a ver otro templo y tiendas de ropa. No picamos porque después de un año entre asiáticos me he vuelto una taimada desconfiada. Por lo visto este timo es muy frecuente.

En el Palacio Real y en el Templo del Buda Esmeralda había más gente que en la guerra (expresión muy paterna un poco démodée). Había que respetar un dress code de manga larga y pantalón largo, lo que es poco intuitivo en verano a 30 grados.

Por suerte para el turista, se podían alquilar prendas adecuadas pero horribles in situ, y la pobre gente acababa teniendo una pinta muy rara. Parecía todo parte de un sistema de castigo y humillación contra el extranjero para escarmentarle en su irrespetuosidad hacia el culto local. Me recordó a la ropa chunga que te ponían en parvulitos cuando te meabas o vomitabas encima, que tenía similar y estigmatizante efecto.

 Los templos presentaban la pinta de la foto de abajo, parecían un poco sobre-restaurados, y yo además estaba de mal humor porque no había dormido y tenía síndrome de abstinencia de café así que mi experiencia global del lugar fue bastante negativa.

Arquitectura monumental
Arquitectura monumental
Lo que viene siendo un templo

Para terminar de cumplir con el deber turístico, vimos el Templo del Buda Reclinado y nos subimos al barco-bus por el Chao Phraya.

Templo del Atardecer, desde el río Chao Phraya
Me encanta Buda: está gordo, siempre sonríe, luego va y se tumba...
Me encanta Buda: está gordo, siempre sonríe, luego va y se tumba…
Monjes en el barco-bus

Al margen de las turistadas, quedamos de nuevo con Amigo Local que se empeñó en llevarnos a un sitio guay otra vez. Nos dijo que íbamos a ir a un sitio un poco chic así que necesitaríamos zapato cerrado. Esto fue un poco traumático, porque la ropa del mochilero es escasa, informal y a menudo maloliente. Así que nos plantamos sendos vestidos y unas deportivas, que era el único zapato cerrado que teníamos, y teníamos una pinta más chunga de lo normal si cabe. Amigo Local, que es budista y no se perturba, no se avergonzó nada de nosotras y nos fuimos al lugar en cuestión, de nuevo en barco.

El bar estaba en lo alto del Hotel Lebue, el Sky Bar, que estaba en una azotea y se veían unas vistas impresionates sobre la ciudad. Se parece a uno de los millones de bares en azoteas en Shanghai, pero en este caso se puede ver a través de la contaminación.

Este hotel aparece en la película “Resacón en Las Vegas II”, y de hecho tenían un cóctel que se llamaba Hangovertini (hecho de té verde, muy rico).

Parece guay y, para que engañaros, LO ES
Parece guay y, para que engañaros, LO ES
Bangkok que no se acaba
Bangkok que no se acaba
Protegiendo la identidad de Amigo Local y Amiga Prudente, en el Sky Bar
Atardecer desde el Sky Bar
Atardecer desde el Sky Bar

Os dejo más fotos:

El mercado flotante. Cortesía de Amiga Prudente (c) 2012
Yo soy españó españó españó
Masaje callejero
Glocalización

Laos en Bus (2)

Después de mi jornada turística en Luang Prabang, me dispuse a coger el bus de 12 horas para recorrer los 384 kilómetros que lo separan de la capital de Laos,  Vientiane. Os alegrará saber que mi autobús no era el de línea donde va la chusma, sino una cosa llamada el VIP BUS.

Yo me las deseaba muy felices hasta que vi al interfecto:

Aquí solo viaja gente guay
Acogedoras cortinas

A las tres horas de trayecto, el VIP BUS presentaba este aspecto:

Y luego lo que me da miedo es el avión

En resumen, el peor trayecto de mi vida después de aquel entre Pinyao y Taiyuán en China durmiendo en el suelo. Incómodo y largo y con curvas.

Paramos mucho y acabé haciéndome amiguita de otras dos chicas que también viajaba solas : una americana treintañera harta de su lucrativo empleo como abogada y encontrándose a sí misma, tipo Julia Roberts en “Comer rezar amar”, y una canadiense lesbiana directora de documentales. Aunque luego al final ambas hallaron tema de conversación común en poner a parir a los hombres y yo, como no domino el tema, me tuve que volver a mi novela.

Precausiónnn amigo conductoor

Durante el viaje de 12 horas por sinuosas y estrechas a la par que parcheadas carreteras tuve mucho tiempo para pensar y me acordaba de forma recurrente de la primera vez que oí hablar de Laos: fue cuando atraparon a Roldán, que se escondió por aquí.

La verdad que este me parece un país óptimo para huir de la justicia: es muy bonito, las comunicaciones son una mierda así que tardarán en encontrarte, es pobre así que fácilmente se puede vivir bien, y a pesar de esto último es muy seguro.

Creo que esto es arroz

Llegamos a la capital, Vientiane, por la noche. Vientiane es una ciudad bastante pequeña y con un toque un poco playero. Después de  Luang Prabang es un poco decepcionante, porque hay muy poca cosa aparte de edificios gubernamentales y templos del mismo estilo. También tienen un arco de triunfo.

Vientiane, capital city
Lobby del Hotel Win de Vientiane. Con su telenovela rusa
Arc du triomphe, versión colonia

Dice la guía que los americanos hicieron una donación de cemento al país para construyeran un aeropuerto pero ellos en su lugar construyeron este arco.

Dentro del arco tenían una tienda de recuerdos tamaño industrial y me compré una camiseta con mensaje en lao que me pareció súper fardona (Por cierto, qué estresante es lo de la camiseta fardona, ya ni la camiseta de los Ramones es un valor seguro).

Le pregunté a varias personas que qué significaba la leyenda, pero ninguna hablaba inglés y nadie supo decirme. O sea que a lo mejor dice “Soy tonta del culo, pero disimula y no digas nada”. Me la puse acto seguido.

Luego fui a comer bajo el arco un plato típico, la ensalada de papaya, que es un poco regulera porque mezcla la papaya con la lima y con el picante y el resultado total la verdad que es una cosa rara (pero veis con qué precisión me expreso).

Ensalada de papaya. Lo otro no sé si era comestible o decorativo

Durante la comida se me acercó un señor local que quería hacer amigos y finalmente me dijo que en la camiseta ponía “Hola Luang Prabang”, (o sea que a efectos prácticos la leyenda sí que infiere que soy un poco tonta del culo).

Después de eso, cogí mi tuk-tuk para la estación de Nong Khai, a las afueras de Vientiane, de donde saldría mi tren nocturno para Bangkok.

Agatha Christie me obliga a subirme en estas cosas

Por cierto, cuando compré el billete de tren para Bangkok en el hotel, la recepcionista me dijo:

“En primera clase compartes cabina con una persona más. Voy a decir en la estación que eres mujer”

“Para que me metan con otra mujer?”, le pregunté

La recepcionista me miró con sorpresa.

“¡No! para que te metan con un chico guapo”

Por un segundo pensé que era verdad, que la recepcionista iba a realizar las funciones de concertación matrimonial que mis padres han negligentemente desatendido.

Pero no, no hubo suerte y me metieron en la cabina con una señora tailandesa ultrapija tipo la Preysler.

En cualquier caso, al poco de salir el tren, la Preysler se fue a la cafetería seguramente a empinar el codo y me dejó sola casi todo el trayecto.

Sola ante el peligro como me hallaba, en un momento dado el revisor llegó al compartimento y, apuntándome con la maquinita perforadora, me espetó:

“Chicken!”

Yo le miro circunspecta. Finalmente opto por decirle, con convencimiento

“You chicken!”

El tío me mira, mira al otro revisor. Y me vuelve a decir, con más ímpetu,

“No, you chicken!”

“I no chicken! You chicken!!”

Así siguió nuestro intercambio hasta que finalmente, desde el fondo del pasillo se oye una voz que le grita al revisor “Ticket!! no chicken!! tickeeet!”. Así que le doy el ticket y nos reímos y yo pienso, he debido de protagonizar millones de escenas así en China con mi mandarín de medio pelo.

Por ejemplo, en chino, cuando quieres parar a un transeúnte y pedirle una dirección, la frase “disculpe” (请问) se dice muy muy muy parecido a “Por favor, béseme” (情吻) o más perverso aún, “Por favor, huélame” (情闻). De ahí que a menudo no cooperen y huyan despavoridos.

Volviendo al tren, al rato, me trajeron un riquísimo arroz con pollo (que creo poder asegurar que es la versión real del arroz oriental del Vip’s) y una cerveza y me pareció la mejor primera clase trenística del mundo.

Planazo
Atardecer desde el tren

Me puse a escribir el blog en el tren hasta que me aburrí de mi misma (a veces me pasa. Poco) y luego, imitando a mi santa madre en los odiosos trayectos Madrid – París en tren, salí al pasillo a cotillear y hacer amigos. Hasta que vi que sólo había viejos verdes.

Finalmente me encontré con una pareja de gays cuarentones muy simpáticos formada por británico e italiano, que me invitaron a fumar un piti con ellos. Fuimos al espacio que hay entre vagón y vagón, que es la “smoking room” del tren, y me dijeron que me agarrara donde pudiera. Acto seguido, con el tren en marcha por supuesto, abrieron una de las puertas que da a la vía. Yo pensaba, esto es superdivertido pero nos vamos a matar (y otra vez el lío de la identificación de cadáveres, puff).

A continuación, con grandísima técnica acrobática, uno de ellos empezó a liarse un porro con una mano mientras con la otra se agarraba a un asidero para no caerse a la vía. Me dijeron, “si quieres vente luego a nuestro compartimento que tenemos güisqui-cola”. No sé que tendrá Musil que decir de todo esto.

Esto me recordó al tren París – Cannes que venía con vagón-discoteca incorporado. Aunque esto era más vagón-botellón-senior que vagón discoteca.

Finalmente, con ese instinto de conservación que caracteriza a la viajera solitaria, decliné la oferta y  fui a encerrarme a mi cabina con mi novela a ser muy buena y muy aplicada y muy intensa.

A las dos horas el italiano salió al pasillo con una moña del quince y se puso a berrear. Como buena portera que soy, salí al pasillo a mirar como el revisor lo arrastraba hacia su cabina.

La verdad que fue un tren entretenido.

Cafetería con retrato de Su Majestad al fondo
Pasillo de primera clase
Segunda clase. Según mi pareja de nuevos amigos, “second class is funny, not fun”
Llegando a Bangkok, 6 de la mañana

…Continuará…