Visita a la Ciudad Fantasma

En uno de estos puentes tontos que nos regala la República Popular, mi profe de chino me invitó a una comida familiar en su casa en el extrarradio.

Este es el típico plan edificante que apetece como que te empalen con una zarzamora pero que automáticamente activa en el cerebro un “ve, que luego te alegras” contra el que es muy difícil luchar. Sobre todo si padeces de FOMO , como yo.

Como veis me esfuerzo, a pesar de mi edad avanzada, en acumular todos los síndromes millenial disponibles en el catálogo.

La casa familiar en cuestión de la profe está en Anting, un barrio residencial a una hora y media del centro de Shanghai. Anting es conocida, por quienes la conozcan, como la “ciudad del automóvil” de Shanghai, ya que allí es donde se instaló en los 80 la fábrica Volkswagen.

También está allí el circuito donde se celebra el premio de Formula 1 de China, que es un evento anual de gran importancia económica para las modelos y escorts rusas de la ciudad.

El extrarradio viene siendo igual en todas partes. Igual de feo
Nos vamos de excursión

Siendo como soy una persona concienzuda y a la que le gusta tener todo bien preparado (salvo cuando me dejo las llaves dentro o se me olvida ponerme desodorante) había hecho una investigación de campo sobre qué llevar a una casa china en caso de invitación, y la conclusión fue que hay que llevar una botella de vino, que es una cosa que se considera “sofisticada”. Así que compré una sofisticada botella de vino peleón en el Seven Eleven (total, luego mezclan unos con otros) y allí que me fui.

Tras hora y media de pie en el metro que me hicieron recordar las delicias de mi pasado extrarradial (no, no tengo apenas trauma), llegué a la estación de Anting. Allí la profe me esperaba, a mi y a otra alumna española, ataviada con su mejor chándal de domingo (rosa de pelito de imitación de Juicy Couture). De ahí fuimos a la casa de sus padres, que se encontraba en una urbanización muy tranquila, tan tranquila que daba miedo.

Precioso suburbio en Anting, foto de Internet, fuente de todas las fotos de China en las que el cielo está azul
Precioso suburbio en Anting donde se desarrolló la comida. La foto no es mía sino de Internet, fuente de todas las fotos de China en las que el cielo está azul

Estando China como está de superpoblada, nos llamó la atención que no hubiera nadie por la calle. Se lo comentamos a la profe y nos respondió, henchida de orgullo, que es un barrio nuevo al que se suponía que mucha gente se iba a mudar pero que al final no vino ni Cristo porque el metro estaba muy lejos.

En la casa nos esperaban los padres de la profe así como cuatro señoras de edad avanzada cuya relación con la familia desconocíamos (en China a menudo las relaciones son confusas: a los amigos se les llama primos, a los primos, hermanos…).

Las señoras mayores en cuanto nos vieron en toda nuestra occidental españolitud se nos abalanzaron maravilladas y nos jaleaban “¡¡guapas!!”, como si fuéramos folclóricas saliendo de la cárcel o algo.

Esto me obliga a enlazar a este cómic reciente descubrimiento que describe muy bien la situación de surreal superioridad que  vive a menudo el blanquito en Asia (en este caso, en Japón):

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www.charismaman.com

Dada la situación y la entregada audiencia, vi una clara oportunidad de exhibir mis conocimientos de la lengua chinesa, lo que desató aún más la admiración colectiva.

Pero debo confesar, no sin celitos, que fue la otra chica española la que más éxito tuvo entre la parroquia geriátrica china.  

La señalaban y preguntaban, con admiración,¡¡oohh!! ¿¿son de verdad?? ¿¿son de verdad?? y la pobre se miraba los pechos, y yo también, claro, hasta que nos dimos cuenta de que se referían a las pestañas. Y es que unas pestañas largas es un rasgo muy preciado entre las chinas, ya que ellas las tienen muy cortitas, o no tienen.

La fascinación por la pestaña ibérica llegó al punto que la comida se interrumpía regularmente para comentar el asunto. Una de las señoras propuso adoptar a la chica si es que aún no tenía madre china,  y entre ellas se referían constantemente a ella como “la guapa” (yo sólo era la que sabía hablar en su idioma  y la que traía el vino, gracias). Lo que me hizo pensar que en esta vida da igual lo amable o lista o esforzada que seas, tu éxito social dependerá de algún rasgo físico heredado y aleatorio sobre el que no tienes mucho control. Y en eso, niños, consiste ser mujer.

A mi Compañera de Largas Pestañas no es la primera vez que intentan adoptarla. Trabaja como au pair en una casa de ricachones cuidando a una niña de seis años, y según parece la propia niña también le había propuesto darle su apellido si se quedaba para siempre con ella siendo su esclava.

(Y esta es la más bella oferta que una multimillonaria infantil china haya hecho nunca a una mileurista española)

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Deliciosa comida casera en la residencia de los Zhou. Nótese que el mantel es un film de plástico: todas las cascaras y restos se van escupiendo sobre la mesa y luego se tira el mantel a la basura.

La comida fue divertida y animada y, reflejando fielmente cómo son muchas familias en China hoy, notablemente viejuna. Mi profesora bordea los cuarenta y es soltera, y por supuesto es hija única, lo que significa que esta familia ya no va a perpetuarse de ninguna manera. 

La casa estaba sin embargo llena de fotografías de un niño, como si fuera un pequeño idolillo. Les pregunté quien era, y me dijeron que “Hakon”, el hijo de una prima segunda que vivía en Estados Unidos. Ese pobre niño que ni habla chino es en efecto el único descendiente de este montón de ancianos. Y es un poco deprimente.

Tras la comida fuimos a dar un paseo por el barrio, que se llama el “pueblo alemán de Anting” donde todas las casas tienen un airecillo Bauhaus algo sorprendente (sorprendente porque en China cuando se importa se importa  lo más “dramático” y lo más hortera, no cosas funcionales con poco lustre).

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Calle principal del pueblo alemán de Anting
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La iglesia luterana, ese equipamiento urbano fundamental  para una comunidad china predominantemente atea y/o budista
Anting German Town / bei Shanghai / China
Wirsthaus, ese restaurante alemán de moda

En el medio del barrio había una plaza presidida por una estatua de dos señores dieciochescos, claramente arios. Le pregunte a los residente quiénes eran y me dijeron que eran “unos alemanes importantes”.

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Siempre quise una estatua de unos alemanes importantes en la plaza de mi pueblo

Resulta que los alemanes importantes son Goethe y Schiller, solo que agarrados como dos señoras que salen de paseo. Este monumento existe, está copiado y el original está en Weimar.

De vuelta a casa me puse a investigar. El pueblo alemán de Anting, se construyó como parte de un proyecto para aliviar el desarrollo urbano de Shanghai, e incluye nueve ciudades más de inspiración europea. El más famoso es el pueblo inglés, “Thames Town”, pero hay también un pueblo español, uno holandés, otro canadiense…

Vista area del pueblo inglés de Songjiang, "Thames town"
Vista area del pueblo inglés de Songjiang, “Thames town”
The most common sight on the streets of Thames Town are couples using the faux English environment for wedding photography.
Thames Town apenas está habitada y se usa principalmente para hacer fotos de boda
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Molinos chinomanchegos en la entrada del “pueblo español” de Fengcheng
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Casas en el pueblo español. Como veis clonan los complejos playeros de la Costa del Sol, que son a su vez autoparodias de los pueblecitos españoles de verdad.
Esto es Holanda y por eso ponemos un zueco gigante
Pueblo holandés. Para que quede claro ponemos un zueco gigante

Parece ser que por diversos motivos estas ciudades satélite han sido un fracaso y no han conseguido atraer residentes. De hecho todas las referencias que se encuentran en internet sobre los mismos dicen que se trata de “ciudades fantasma”, ejemplo de la locura especulativa inmobiliaria china, etc., etc.

Sin embargo, tras estar en uno de ellos, lo que puedo decir es que a los residentes no sólo no parece importarles que haya poca gente, sino que están encantados y felices de estar por fin solos y tranquilos. 

Y es que en un país como China donde es común compartir habitación con todos los miembros de tu familia, y donde en las escuelas, universidades y fábricas se pernocta en literas en dormitorios compartidos, acabar en una ciudad fantasma seguramente no sea lo peor que te puede pasar.

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