Vietnam. Saigón, Nha Trang

(Escribo esto desde Madrid metida en la cama. Sólo llegar me he puesto malísima. Me pregunto si no es síndrome de abstinencia de la polución chinesca o más bien que me da miedo empezar a trabajar el  lunes)

Vietnam, en bus y tren

Desde Phnom Pehn cogimos un bus hasta Saigón (que en realidad se llama Ho Chi Minh City, hecho que voy a ignorar, así de rebelde con la fea realidad me revelo). Sólo bajarnos del autobús, nos metimos corriendo en un bar en busca de los dos mayores bienes de primera necesidad del buen viajero: cerveza y wifi. Allí le preguntamos al camarero que que había que ver en Saigón y nos dijo, “Nada. Y además roban mucho”.

Um. Pero, vayamos por partes. En Saigón nos quedamos a dormir en la casa de la hermana de una amiga  (gracias Laura!), que además de techo y lavadora nos proporcionó un chófer, lo cual es un interesante giro del destino en la vida del mochilero.

El susodicho nos llevó al día siguiente al aeropuerto a buscar al tercer componente del equipo, a la que denominaremos Amiga Elegante, que  llegaba desde el mundo civilizado impecable con look coronel tapioca (lo cual es profundamente insolidario para con nosotras, deterioradas como nos hallábamos por el sol, la roña y el cansancio). Aún así la perdonamos porque  al ver nuestra penosa estampa, no sólo no hizo como si no nos conociera sino que se planteó la autolesión para ponerse a nivel.

Después del emotivo reencuentro nos dimos cuenta de que habíamos perdido al chófer entre tanto chino y nos dedicamos a saludar a todo chinito con gorra con la esperanza de que nos llevara a casa. Al final nos encontró él.

Después nos dispusimos a ver lo nada que había que ver en esta ciudad. Decidimos ir a algún sitio, en concreto al  mercado de Ben Tahn. Pero no nos salió.

Nos subimos a unos típicos ciclotaxis – que no eran tan típicos porque luego vimos que sólo llevaban a guiris  – para que nos llevaran al mercado, pero los conductores pasaron de nosotras y nos llevaron a otro y además nos quisieron cobrar 50 euros por cabeza. Al final les pagamos menos y el mercado, que era el de Cholon, como su propio nombre indica molaba bastante y era además más autentico, así que el timo nos salió más o menos bien.

Tú posa morena, que ya te clavaré
En el mercado de Cholon venden cosas con nombres raros y aspecto raro
Pescado seco
Callecillas de Saigón
Un establecimiento muy extendido que deberíamos introducir, el TV-bar

Viendo el panorama, al día siguiente nos apuntamos una guiri-excursión, que se realiza en una guiri-neta (concepto con el que ya estáis familiarizados gracias a mis enseñanzas), en este caso bajo el rubro de “el Delta del Mekong” (aunque nos podrían haber llevado a otro sitio y no nos hubiéramos dado cuenta, claro)

Por cierto, la agencia en la que contratamos el tour tenía el siguiente interesante cartel en la pared, para formación de sus empleados:

Les pregunté y me explicaron: al cliente que llega se le recibe con una ligera inclinación de 30º. Al que compra, con una de 45º

La excursión, consistía en darnos vueltas en barquito por el delta, primero en una barcaza y luego en una especie de canoa de remo. Había gente local con el típico sombrero cónico, a la que nuestra presencia evidentemente les pillaba desprevenidos (jaja). Cada vez que les mirábamos, nos gritaban “tip money!”, que significa “propina dinero”.

Es muy duro mantener una cínica dignidad con este gorro

Luego nos llevaron a una serie de “visitas de interés turístico” denominadas “la destilería del whisky de coco”, “la fábrica de miel”, “el palacio del mimbre torneado”, etc, etc, que son tiendas de recuerdos y cuyo único propósito es el de vender cosas a los turistas.

Nuestro grupo, consistente de turistas europeos tacaños (y no necesariamente de países rescatados) no compró absolutamente nada. En cambio este tipo de fórmula parece funcionar bien con turistas chinos e indios (y costarricenses, por lo que me cuentan).

A la vuelta la fragoneta de la excursión pinchó una rueda y nos quedamos una horita tiradas en la autopista. El guía estaba muy apurado pero en realidad estábamos encantados porque (como ya hemos discutido con anterioridad) son las adversidades las que le dan interés a los viajes.

Esto estaba preparado

A la mañana siguiente tomamos un tren hacia el norte para nuestro nuevo destino: Nha Thrang, descrita en la Loli como la Niza de Indochina o la Copacabana del Sudeste Asiático (y es en efecto un poco como Cullera).

Tren Saigón – Nha Trang. La señora se está arropando con la cortina

En Nha Trang hay una playa que es normal salvo porque muchas mujeres se bañan con ropa, y se organizan diversas salidas en barco a las islas cercanas. Nos apuntamos a una donde presuntamente nos llevaban en barco a bucear para ver corales y a explorar las islas.

Playa en Nha Trang. Observen en universal ritual del despiojamiento parejil, en este caso ejectuado por una hembra local con una camisa de leñador muy trendy (sobre el que presumimos es su macho)

El crucero resultó ser una cosa un poco surrealista a la vez que cachonda. Quedamos a las 8 de la mañana y nos metieron en una barcaza con 40 jovenzuelos más, tatuados o no, y a eso de las 9 am. empezaron a distribuir alcohol y a poner musicote de pub inglés (en plan los Dire Straits y esas cosas que solo en un pub inglés se pueden considerar festivas). Teníamos además un animador con un altavoz que hablaba en vietninglish que tenía un guión bastante gracioso en plan presentador de la MTV tipo “no podéis tocar el coral, no podéis tocar las rocas, pero podéis tocaros entre vosotros”.

Nuestro crucero
Las galeras romanas, versión costa del sol

La barca estaba claramente sobrecargada y en un momento empezó a inclinarse peligrosamente a un lado, un lado que estaba  ocupada por hasta seis obesas inglesas. Nuestro animador nos dijo “todo el mundo a la izquierda que nos hundimos”, pero las tías no se daban por aludidas y no se movieron (lo que era la única salida digna a la situación, yo hubiera hecho lo mismo).

Por suerte llegamos pronto a una isla en la que teniamos que hacer esnórquel, que es lo de bucear con un tubito, y admirar el fondo marino de coral, roca y pececillos de colores en la isla Mun, que es reserva natural. Además de gafas y esnórqueles, proveían de chalecos salvavidas, que yo me puse de inmediato para taparme la barriga y no cansarme chapoteando. Por desgracia el animador me dijo que era sólo para niños que no sabían nadar y quedé un poco mal y me lo tuve que quitar.

Por cuestiones de presión grupal tuve que hacer la cosa esta del tubito, y huelga decir que casi me ahogo, y después de ver un coralillo me dije que ya estaba harta de tragar agua y me salí. Amiga Prudente, en su línea de castigarse el cuerpo, se rajó un pie y se puso a sangrar cual cochinillo (y ella dirá” joe Ali qué exagerada”. Pues sí, pero el blog vive del drama).

Saliendo de la isla Mun. Foto de Amiga Elegante (como muchas otras)

Después de esto nos llevaron al barco de nuevo, nos dieron de comer y nos empezaron a dar más alcohol y poner más musicote. De repente nos gritaron “ahora, karaoke!!” y pensé, hasta aquí he llegado, quiero irme a casa.

Pero no. Montaron un escenario en la barcaza, sacaron una batería hecha con cacerolas, aparecieron de la nada unos guitarristas y un cantante fofo vestido de mujer con dos cocos haciendo de ídem y se pusieron a cantar y a sacar gente a improvisar. Las canciones del karaoke eran temáticas de los países de los pasajeros, por lo que temí que nos sacaran a cantar una de Julio Iglesias. Pero no, hubo suerte. Y qué queréis que os diga, fue la risa.

Para ver esto me vine a Vietnam

Una vez acabado el show y en pleno subidón, empezó el momento cumbre de la jornada, el bar flotante. Uno de la tripulación apareció flotando en el mar en una especie de barca-bar, nos dieron un flotador y nos mandaron a por copas.

Tomarse un vaso de vodka de 3 euros mezclado con tang sobre un flotador mientras el mar del sur de China te mece al atardecer, está desde hoy en la lista de las horteradas más divertidas que he hecho nunca. Y si lo montan en Alicante nos quepa duda que me apunto de nuevo.

Y esto es un floatig bar

Después de esto nos llevaron a una isla a tomar el sol. Nos quedamos dormidas en la playa y el barco se fue sin nosotras, menos mal que una argentina con la que habíamos hablado un poco avisó al capitán y vinieron a buscarnos. Quedarnos en la isla abandonadas, alimentándonos de raíces y quisquillas hubiera sido un final portentoso a la excursión.

(continuará…)

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8 opiniones en “Vietnam. Saigón, Nha Trang”

  1. Joe Ali, qué exagerada!!!!!!! Sólo tenía un agujero de 1cm de profundidad. Eso sí, la sangre sirvió de guía para marcar el camino seguro a Amiga Elegante, que venía detrás, colaborando a mantener su esencia intacta. Fue toda una buena acción en favor del grupo!

  2. Ali Abdel Aziz au Vietnam n’a rien perdu de sa dignité cynique… Mais surtout je veux dire: Victoriaaaaaaaaaaaaaaaaaa te echo de menos 🙂

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