Laos en Bus

Jinghong hasta Bangkok

Según Robert Musil, ser joven es vivir en potencia y hacerse viejo es elegir. Y yo debo de seguir siendo una adolescente, porque por no elegir, para el viaje de mi vida me acabé quedando sin billetes.

Mi plan inicial para este viaje era ir por tierra desde Shanghai hasta Bangkok. Y además hacerlo yo sola.

Por desgracia, mi proverbial indecisión me hizo no cerrar el plan hasta el último momento y me quedé sin billetes para la primera parada, Kunming.

No me podía imaginar que los billetes para un tren de 36 horas, carísimos, en una línea que había sufrido un descarrilamiento con varias víctimas mortales sólo un año antes fueran a agotarse. La gente es que es muy inconsciente.

Así que finalmente tuve que ir en avión hasta la primera parada, Xishuangbanna, que es una región al sur de Yunnan. Su capital en Jinhong. Es un pueblo en la selva muy agradable pero sin gran cosa.

Abandonando Mordor
Sobrevolando Xishuangbanna
Parque en Jinhong

Así, desde el primer momento, conseguí el sueño de todo consumando mochilero intenso: ir a un sitio donde no hay ni un turista. Sólo salir del aeropuerto, una veintena de taxistas me gritaba y me hacía aspavientos. No vi ni un  sólo extranjero más. Todo el mundo me miraba y me saludaba y me sacaba fotos.

Ahora bien, lo que sucede es que los turistas tontos no son, y si no vienen, es por algo. Aquí no hay nada que ver: la atracción turística soy yo.

Dediqué mi día a pasearme un poco por el Mekong, fui a un jardín (muy agradable hasta que el una señor mayor con aspecto de alcóholico vino a increparme), y fui  a hacerme un masaje a un lugar llamado la “Escuela del Masaje para Ciegos”.

Después de no haber podido venir en tren, necesitaba otro medio para infligirme dolor así que opté por el masaje…Había oído hablar de los masajes hechos por ciegos, aunque uno de mis alumnos me dijo que no son ciegos de verdad sino que se hacen pasar por tales.

El mío no sé si era ciego o no porque antes de tumbrme en la camilla me quité las gafas y no veía un carajo yo tampoco. Eso sí, el tío intento arreglar 27 años de negligencia fisica en una hora y me crujió todo. En un momento dado me quedé dormida y tuve un sueño en el que era una anciana deforme con la espalda redonda paseándome por la playa de Benidorm.

A nivel informativo, os comento que este pueblo al parecer está bien como centro de operaciones para hacer trekkings por los pueblos de las minorías étnicas del alrededor. También puedes quedarte a dormir en las casas de las minorías en la jungla, para experimentar lo mal que viven y sentirte muy realizado.

Lo reconozco, no es que no haya nada que hacer, es que soy demasiado vaga y escéptica como para hacer mogollón de cosas. Mi estilo de vida cínico y decadente tiene estas servidumbres.

Cooficialidad lingüísitca de la chunga
Hospital al aire libre en Jinhong. Espíritu tropical

Por ejemplo, en las proximidades había una cosa llamada el “Parque temático de la minoría Dai”. Es una especie de parque de atracciones que ha montado el gobierno chino para que veas en que consiste esta minoría (antes de que la liquiden, me imagino). Allí tienen sus templos y celebran sus festivales y sus bailes regionales diariamente para los turistas.

Así en plan nazi propongo que en España hagamos lo mismo, montar 17 parques temáticos regionales para preservar la riqueza cultural ibérica y celebrar nuestra pluralidad y así por fin podríamos dedicarnos a comportarnos como alemanes y sacar el país adelante.

Después de una noche en Jinhong, tomé un bus de 6 horas para Laos, que no sólo no fue pesado sino bastante entretenido. Quizás gracias a mi pasado extrarradial, el bus para mi es estar como en casa.

Este bus de moda nos sacará del país

Además, para este tipo de trayectos me he traído el siguiente libraco, largo y absorbente que tiene además la ventaja añadida para la viajera solitaria, que es que viene en tapa dura, con unas esquinas apropiadísimas para la defensa personal en caso de asalto o violación.

Mujer que viaja sola por el Sudeste Asiático, halle en mí un amigo

El punto culminante de la jornada, al menos para mí, era cruzar la frontera entre China y Laos por tierra.

Durante el viaje, había un 40% del pasaje extranjero. Así que finalmente sí que había guiris en Jinhong, en algún sitio (en el parque temático?).  Al principio me dio celitos de no ser ya la atracción turística del pueblo, pero luego me sentí más tranquila y nos hicimos amigos instantáneamente como suelen pasar en estas situaciones.

Había una pareja inglesa totalmente friki formada por rastafari menudito muy pálido y por una versión pelirroja de repu la cerda. Se acababan de casar. El día que se conocieron en una manfestación contra la subida de tasas universitarias en Liverpool, planearon este viaje de luna de miel, en el que empleaban dos años en llegar a Japón por tierra. Iban por su primer año de viaje.

Mientras cruzábamos la frontera entre China y Laos, los susodichos se cogieron de la mano. Luego me contaron que les gustaba cruzar juntos todas las fronteras.

Pensé, el único romance verdadero es el romance friki.

En fin. Lo de la frontera fue bastante sencillo y sin mucho trámite. Sales de China, te sellan, instantáneamente todo parece más cutre, y ya estás en Laos. En una cabina te sellan el pasaporte , te intentan timar con los dólares  pero sin ponerle mucho empeño, y ya, tienes tu visado.

Bienvenido a Laos

Vamos, recuerdo como infinitamente más emocionante el cruce de la frontera de Andorra, donde la policía te paraba y te miraba el maletero de verdad. Aduanas serias que te decomisan y hacen un servicio a la sociedad. O la vez en que mi padre intentó aprovechar la ocasión para que le decomisaran un tapiz muy hortera que le había regalado un amigo suyo, sin éxito por desgracia.

Después de hacer los trámites, volvimos al autobús. Según se sucedían los baches empecé a echar de menos China y sus civilizadas infraestructuras y a darme cuenta de que Laos es otra cosa.

Finalmente llegamos a la primera parada en Laos, Luang Namtha, un pueblo de estos de una calle. Es igualmente centro de operaciones para hacer trekkings y estancias en pueblos de minorías étnicas.

Luang Nam Tha desde la fragoneta

Tras pasar la noche allí, me metí en una furgoneta para Luang Prabang, de unas 9 horas.

Parada técnica

Por la tarde llegamos a Luang Prabang, que es el centro turístico de Laos. Reservé en un hostal de mochileros donde compartí barracón con tres chonis postadolescentes inglesas, una obesa norteamericana (en la litera de arriba), y un cincuentón alemán muy chungo que dormía en tanga y que uno se pregunta que le trae por Laos.

La obesa se pasaba el día viendo Gossip Girl en el ordenador y al verla sentí miedo, por lo que decidí que tenía que llevar una vida activa y decidí irme de copas con las chonis inglesas. Me preguntaron la edad, les dije que 25, luego me dijeron que hablaba como una reportera de la BBC de los años 70 e instantáneamente me cayeron bien.

Fuimos a un bar con vistas al Mekong que se llamaba Utopia, que a pesar de su nombre ibizoso cerraba a las 23h30 (como todo en este país por otra parte, es lo que tienen los regímenes autoritarios).

Esto es un señor bar y lo demás son tonterías

Las inglesas me contaron un poco su programa. Resulta que la gran actividad en Laos ahora mismo para los jovencitos británicos y australianos que están de gap year es hacer “tubing” en Viang Veng. Viang Veng es un pueblito enano entre Luang Prabang y la capital, donde a un labriego se le ocurrió alquilar flotadores y neumáticos a los turistas para que descendieran el río.

Progresivamente se fueron abriendo bares y discotecas de tecnazo a lo largo del río, de tal manera que se pueden ir haciendo escalas durante el descenso para tomar copas y drojarse a precios del tercer mundo. Ahora se ha convertido en una especie de rave de jovenzuelos europeos que escandaliza a la población local. 

Qué bien, la juventud al aire libre haciendo deporte…

No se tienen datos fiables, pero se calcula que muere un turista por semana en este pueblo, en su mayoría gente drogada o muy borracha que se ahoga. Tipo sanfermines con los turistas australianos, vamos.

Evidentemente, si no hubiera venido sola me hubiera pasado a ver qué tal eso del tubing, por mera curiosidad intelectual (véis, ahí está el “jijijaja” otra vez que no me deja vivir). Pero esto yo sola no hubiera tenido ni puñetera gracia, y además con el engorro añadido de que en caso de mi eventual muerte, no habría quien reconociera mi cadáver.

Nota mental : necesito dientes de oro o anillos que faciliten mi identificación para futuras situaicones de este tipo.

Hablando de viajar sola, otra actividad que se ofertaba en las inmediaciones que me he quedado sin hacer es subirme en elefante. Porque si no hay quién se ría de tí y, lo más importante, quien te saque fotos para el facebook en estas situaciones, pues para qué lo vas a hacer.

Por el resto, lo de irse solo me parece una opción de viaje muy buena, y nada aburrida como me temía, dado que conoces a gente surrealista por el camino todo el rato. Además, el Sudeste Asiático, salvo si decides ponerte de todo hasta las cejas  y tirarte a un río, es muy seguro.

Dejando el tema de cosas-que-igual-hubiera-hecho-y-no-hice,  Luang Prabang es una especie de pueblito colonial francés lleno de templos budistas. Es muy turístico, pero no totalmente disneylandia, ya que hay gente local viviendo y trabajando allí y todavía no hay aglomeraciones. Es, finalmente, el típico sitio que , es turístico porque es una maravilla y se acabará llenando tarde o temprano.

¡¡Ooooh un cielo azul!! ya no me acordaba!
Templo de Haw Pha Bang, Luang Prabang
Esa soy yo, foto hecha por el guardia de seguridad (que no tenía mucho trabajo)
Más del templo
Interior del templo

Se puede visitar, además de los templos, el palacio del rey Sisavang Vong, que gobernó bajo protectorado francés en la primera mitad del siglo XX. Era un rey campechano, como el nuestro, al que le gustaban los coches (se pueden ver también) y las mujeres (se casó con 15 – en este sentido, era mucho más formal que el nuestro).

Colección de coches del rey. Tiene un rollo Tintín todo
Galería de los chófers en el garaje real

Más fotos de Luang Prabang:

Restaurante cuqui
Calles de Luang Prabang, mirando al Mekong
¿¿Querías templos?? ¡¡toma dos tazas!!
Haciendo la colada

Otor templo: Wat Xieng Thong
En Wat Xiang Thong con mi parasol, (en eso si que me he chinificado)

Después de cubrir expediente con los templos, me fui a hacer un masaje lao, que es un masaje normal con la salvedad de que  la masajista es una adolescente local que se te encarama y te gatea por la espalda ; y ahí empecé a comprender qué venía a hacer a Laos el alemán del tanga.

… Continuará…

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7 opiniones en “Laos en Bus”

  1. Alicia, he decidido dejar de leer libros para sumergirme en otros mundos, y leerte a ti, es mucho más divertido y mucho más realista/surrealista. Suerte con la aventura!

  2. jajajjaja. y qué bueno tu parasol.

    “lo de irse solo me parece una opción de viaje muy buena, y nada aburrida como me temía, dado que conoces a gente surrealista por el camino todo el rato. Además, el Sudeste Asiático, salvo si decides ponerte de todo hasta las cejas y tirarte a un río, es muy seguro.”

    TE LO DIJE

    de hecho lo de adolescentes australianos y britanicos de gap year tambien te lo dije, me ofende un poco que no haya sido mencionada mi aportación. Hablando de lo cual de dejo un vídeo muy muy gracioso sobre el tema del gap year anglosajón:

  3. inés, a pesar de tu sabiduría sin parangón en tema de viaje asiático, por cuestiones de estilo simplemente no puedo nombrarte en TODOS los posts.
    jejje
    un besete!!

  4. Yo también te iba a poner el de Gap Yah, pena que se me haya adelantado una lista…

    No te puedes imaginar lo que me he reído leyendo este post! Es genial!

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